Amatista

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La amatista pertenece a la familia de los cuarzos y presenta un color violeta. Es un mineral de origen magmático muy valorado por su color, de hecho en la alta joyería se suele engarzar con gemas más valiosas como rubíes o zafiros.

El color morado que presenta puede ser más o menos intenso, según la cantidad de hierro que contenga, y a partir de los 300º C su tonalidad cambia de color hacia los amarillos o rojos.

La amatista tiene una estructura cristalina y hexagonal, que la hace más parecida a un líquido que a un sólido, de hecho se la define como líquido súper enfriado. En general todos los minerales de la familia de los cuarzos cuando se encuentran en estado natural presentan un aspecto tosco, pareciendo que han sido arrancados de la tierra, con muchas imperfecciones y trozos de otros cristales o minerales sobre la superficie.

La amatista se compone de una gran variedad fenocristalina o macrocristalina del cuarzo bajo, con óxidos (Fe+3) (oligisto) y una menor cantidad de otros elementos generalmente alcalinos, aunque también calcio, magnesio, boro, fósforo y aluminio. Se forma en filones que tienen soluciones ricas en óxidos de hierro, que le proporcionan su color característico, a unas temperaturas inferiores a los 300° C. Según la escala de Friedrich tiene una dureza del número 7, por lo que es capaz de resistir tanto la deformación como la abrasión de su superficie. Los yacimientos de amatista se encuentran a lo largo y ancho del planeta, en lugares tan diferentes como Brasil, Uruguay, Mozambique, México, Bolivia, Zambia, Namibia, Sudáfrica o los Urales rusos.

Propiedades terapéuticas de la amatista

Este mineral se utiliza desde la más remota antigüedad para fortalecer el sistema endocrino y el sistema inmune, y mejorar la actividad del encéfalo, así como la glándula pineal y también la pituitaria. Siempre se ha considerado a la amatista como un purificador de la sangre y un energizante.

A nivel energético, ayuda con la salud mental, especialmente con el estrés y las habilidades psíquicas, así como a poder alcanzar diversos niveles de conciencia. Durante siglos la amatista fue el representante físico del rayo violeta en la alquimia, para la transformación de los metales. Es una piedra muy utilizada para la meditación, puesto que beneficia la canalización, además de aportar cualidades calmantes y protectoras. También es un mineral muy apreciado como piedra ornamental en joyería.

Historia de la amatista

La historia escrita de la amatista se remonta a la antigua Grecia, donde Aristóteles describe las virtudes anti-alcohólicas de esta piedra, cuyo origen en la mitología griega se refiere a Ametis, una bella ninfa que suscitó los deseos sexuales de Dionisio (dios del vino). Cuando el dios estaba a punto de poseerla, la ninfa rogó a la diosa Artemisa que la salvara, quien escuchó su plegaria, y cuando Dionisio embriagado por el alcohol quiso estrecharla entre sus brazos, se transformó en una piedra blanca.

Dionisio comprendió su error, y quiso darle a la piedra el color purpúreo del vino vertiendo una copa sobre ella, y estableció que el violáceo mineral evitara desde ese instante los insanos efectos del alcohol y ayudase a las religiosas a mantener la castidad. Debido a esta leyenda mitológica la amatista se popularizó en poco tiempo.

Sin embargo, la mitología en torno a la amatista es tan antigua como el tiempo, comenzando en las primeras civilizaciones sedentarias que se dejaron cautivar por su belleza, y comenzaron a utilizarlas en un principio como amuletos para desviar la negatividad o el mal.

Posteriormente comenzó a ser reverenciada y las ofrecían como sacrificio a los dioses, aunque también se enterraban para lograr la fertilidad de la tierra. La amatista siempre ha estado ligada a las religiones, los ritos y la magia. Tanto los druidas, los bretones como los Indios, acostumbraban a utilizarla para celebrar sus ritos.

Con el paso del tiempo la amatista fue perdiendo su legendaria aura mágica que la rodeaba, y quedó restringida durante la edad media al uso terapéutico de los chamanes y monjes, que se extiende prácticamente hasta la actualidad donde sigue colocándose bajo la cama o la almohada para alejar el insomnio y las pesadillas, produciendo un sueño agradable y pacífico.

En las filosofías orientales la amatista está considerada como la piedra de la paz, que calma los miedos, eleva las esperanzas, levanta el ánimo y fomenta los pensamientos espirituales. Se le sigue atribuyendo propiedades para poner freno a los excesos. Los monjes budistas acostumbran a llevar rosarios de amatista, puesto que según la tradición les ayuda a frenar las pasiones

La amatista como joya

Tanto las monarquías, la aristocracia e incluso el clero, se han rendido ante la belleza de este mineral de color púrpura. En el antiguo Egipto se utilizaba para crear sellos, tallas y joyas. Posteriormente en la edad media pasó a formar parte del joyero de los cardenales y obispos. La realeza también quiso lucirla entre sus ropajes, lo que rápidamente fue imitado por la aristocracia, dándole a la piedra un prestigio de distinción añadido a su belleza.

En la época moderna las extracciones de amatista aumentaron de forma desaforada por lo que su precio se popularizó, llegando a ser asequible a las clases medias y bajas, como una joya que puede ser lucida en cualquier ocasión, fácil de combinar con cualquier vestuario.

En joyería el valor de las amatistas está muy relacionado con su color. Las piedras más apreciadas procedían de las minas siberianas que producían las piedras más delicadas del mundo, con un rico color púrpura que brillaba con destellos rojos y azules. Hoy día el término de siberiano ya no se refiere al lugar de extracción, sino que es un término comercial que hace referencia a los colores de las amatistas que se extraían en Siberia. Las amatistas de color siberiano siempre son con diferencia las más caras.

La otra variedad de amatista más apreciada en joyería es aquella que tienen unas tonalidades violetas mucho más claras y rosadas, que se conoce popularmente como Rose de France. El color que se consigue en estas gemas para la joyería tiene mucho que ver con la talla que se le da a la piedra.

En lo que al tamaño se refiere, la amatista es una excepción en la familia de los cuarzos. La mayoría del cuarzo crece bastante grande y puede ser cortado en gemas que pesan miles de quilates, sin embargo existen pocos ejemplares limpios de amatistas con 100 quilates o más.

En ocasiones los joyeros calientan las amatistas a una gran temperatura (+/- 450 °C), es entonces cuando la gema adquiere un color amarillo pardusco que se vende como topacio de Madeira, mientras que aquellas que aquellas que se calientan a 500 °C adquieren un color rojizo que se venden como topacio español. Las amatistas con tonos lechosos se calientan a 600 °C y se venden como topacio de Palmira.

Geodas de amatista para decorar tu casa

Las geodas de amatista son formaciones naturales rocosas con una acumulación de amatistas en una sola masa extraída de la tierra, denominadas drusas o clúster de amastistas. Estas acumulaciones se dan en determinados espacios entre las rocas de la corteza terrestre que cumplen con unas condiciones geológicas especiales.

Hace unos 200 años las geodas de amatista eran uno de los tesoros más valiosos que se podía encontrar, de hecho su valor era superior a los diamantes. Hoy día tienen un precio asequible a cualquier persona, y son muy apreciadas por su belleza decorativa y por sus propiedades en el Feng Shui que representaban la riqueza y atraen la suerte monetaria. Incluso hoy día una geoda de amatista decorando una casa sigue siendo un símbolo de estatus social.

Preguntas frecuentes sobre la amatista

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Referencias

  • ICA, International Coloured Gemstone Association (2010).
  • Universidad Autónoma de Madrid. Museo de Mineralogía (2018).
  • Lehmann G. American Mineralogist 60 335 (1975).
  • Lehmann G. & MooreW.J. Journal of Chemical Physics 44 1 741 (1966)
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